viernes, 17 de mayo de 2013

Ciencia y tetas

Angelina Jolie

Debo confesar que esta vez al ponerme ante el teclado, he tenido que hacer un esfuerzo para evitar bromas o chistes sobre las tetas de Angelina Jolie (la carne es débil pero la voluntad gobierna al fin).

La actriz, tras conocer que tiene un 87% de probabilidades de padecer cáncer de mama ha optado por someterse a una mastectomía en ambos pechos, pese a gozar de buena salud por el momento. No lo ha hecho con criterios estéticos, como estamos acostumbrados en otras, sino para protegerse.

Si se pregunta usted cómo pudo conocer con tanta precisión la probabilidad de padecer cáncer, la respuesta es que tal cosa es posible gracias a los avances en los estudios genéticos que hacen cada vez más sencillo -y barato- explorar las erratas del libro de instrucciones con el que estamos construidos cada uno de nosotros. Y puede que un día incluso corregirlas. Hace tres semanas en esta misma columna cité a los científicos James Watson y Francis Crick, que abrieron la puerta a esta disciplina que hoy nos permite asombrarnos de lo que la medicina es capaz. ¡Bien por ellos!

Encaramados a su escalera retorcida de ADN podemos ahora alcanzar y explorar una medicina a medida, en la que cada cual podremos conocer las dolencias a las que somos propensos antes de que nos hieran e incluso la eficacia que un medicamento tendrá en cada persona concreta. A toro pasado fue fácil saber que ni Santiago Carrillo ni Mariví Bilbao-Goyoaga tenían incompatibilidad con el tabaco, pero lo que vale es justamente, saberlo antes y no después.

De hecho en España nuestra sanidad todavía pública (esa de la que todavía hacemos chistes) lleva más de 10 años ofreciendo a las personas con antecedentes familiares la posibilidad de explorar genéticamente los peligros que pueda llevar en su herencia para actuar previniendo las posibilidades de padecer cáncer y otros sufrimientos. En los países en los que no hay sanidad pública solo te hacen esas pruebas si las pagas; como ha hecho Angelina.

Así que no deja de ser curioso que una práctica médica que en nuestro país es habitual y gratuita para los pacientes se “descubra” ahora gracias a que desde el otro lado del océano nos llega la noticia de la decisión de una mujer tan valiente y hermosa. Si sirve para que apreciemos más el trabajo de los médicos de nuestra sanidad pública habrá sido para bien.

viernes, 10 de mayo de 2013

Buitres, lagartas y demás familia


Recuerdo un gag de los insuperables Les Luthiers en el que explican las penurias familiares y añaden que tan mala situación empeoró “a causa del fallecimiento de un rico y cercano familiar…que tardaba en producirse”.

El gran Alfredo Di Stefano, a sus 86 años, está ahora envuelto en un asunto incómodo, en el que las informaciones se mezclan con los rumores por lo que no será fácil saber al fin la verdad. Lo cierto y demostrado es que el viejo futbolista manifiesta con la vehemencia de siempre que quiere casarse con su cuidadora y amiga: una mujer de 36 años. Y se sabe también que la familia del madridista ha reaccionado solicitado al juez que le incapacite debido al “deterioro evidente de sus facultades físicas e intelectuales” y también que el juzgado adopte “medidas cautelares en defensa de su patrimonio”.

Dijo don Alfredo al anunciar su boda que sabía que sus hijos estarían en contra, pero que es su vida. Replican éstos que todo lo hacen en defensa exclusiva del propio interés de su padre. Vaya usted a saber cuánto de amor y cuánto de codicia hay en todo esto.

Ahora que la ciencia y el acceso universal a la sanidad han incrementado la esperanza de vida en España hasta algo más de los 82 años es muy probable que historias como ésta empiecen a hacerse más habituales, sobre todo porque las personas mayores, con una salud y una calidad de vida impensables hace 40 ó 50 años y sabiendo que les queda mucho por hacer, no se van a resignar a esperar sentados y cubiertos con la toquilla a que pase el tiempo.

Ya no es sólo que tengan derecho, que lo tienen, es que además tienen tiempo y salud para vivir muchos años y no van a desaprovecharlos. Pocos lo harán pero menos aún aquellos cuya posición económica les permita tener más opciones que la mayoría. Y harán bien todos ellos.

La vida es siempre una buenísima noticia y si es con razonable salud, más aún. En estas condiciones sospecho que para quien vienen malos tiempos es para toda esa fauna que solía rodear a las personas mayores con posibles, se tratase de jóvenes “lagartas” deseosas de hacerse con el patrimonio del abuelo, de descendientes “buitres” ansiosos del momento del reparto, o incluso de “arañitas” administradoras de esas que van arramblando poco a poco con el patrimonio del antes indefenso administrado convertido ahora en dinámico veterano.

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Empleados pobres - consumidores prósperos?

Foto Motor a fondo

Dicen que algunos grandes empresarios han recibido los últimos datos económicos y de paro con considerable disgusto, al menos así se lo hicieron saber a Rajoy hace unos días en una reunión recogida por la prensa. No tienen ciertamente tanta desazón como para afearle al Gobierno que haya hecho exactamente lo que siempre le pidieron ¡faltaría más! pero parece que, ingratos ellos, se quejan ahora de los nefastos resultados que están teniendo las recetas que tanto aplaudieron de recorte de derechos laborales y también de adelgazamiento del Estado, que ha conllevado el olvido de las inversiones en grandes infraestructuras, que, vaya por Dios, era a ellos a quienes se les contrataban.

Una vez que la marea ha barrido ya el comercio, abandonado por una clase media que o se ha ahogado ya o si aún bracea lo hace agotada. Ahora que las calles más céntricas empiezan a llenarse de persianas bajadas, parece que toca a los empresarios de alto nivel sentir la incómoda humedad de la ruina del país en sus tobillos. Y claro, se quejan del frío.

Hemos mejorado en competitividad, desde luego, pero no porque fabriquemos mejor o cosas de más valor sino porque hacemos lo mismo, igual de bien o de mal, pero con menos gente, mucho peor pagada, con los enfermos tosiendo en el tajo y sin pagar las horas extras.

Así se mejora la estadística mucho pero no la vida de la gente, y desde luego no se mejora nada su capacidad de compra, que no está hundida por los excesivos impuestos sino por el excesivo desempleo y también por el excesivo empobrecimiento de los que aún trabajan justo en las mismas empresas que ahora se empiezan a remover inquietas viendo que no venden y que la cosa amenaza con no levantar.

Me cuesta entender que esa gente que ha estudiado en colegios y universidades tan caras (que dicen que son mejores que las públicas) no se de cuenta de que empobrecer a sus empleados puede resultar ventajoso a corto plazo pero muy pronto termina acabando con sus propios clientes. Un mercado de trabajadores pobres y consumidores prósperos es imposible, deberían saberlo y no es justo reprocharle ahora a Rajoy que el resultado de lo que le exigieron sea exactamente el que cabía esperar: 17% de tejido industrial destruido y 27% de tasa de paro, una previsiones de crecimiento negativas para muchos años y una pavorosa pérdida de capital humano. ¿De verdad esperaban otra cosa?

viernes, 26 de abril de 2013

La escalera retorcida

James Watson y Francis Crick en 1953

Ayer hizo 60 años que se publicó en la revista científica Nature un breve artículo que revolucionó completamente el conocimiento de la vida. Sus autores eran Francis Crick, que entonces tenía 37 años, y James Watson, de sólo 25.

En aquella única página se describía con sencillez casi insultante la clave de la reproducción de todo ser vivo que, por supuesto, resultaba ser la misma para todos y que tenía la forma física de una escalera retorcida sobre sí misma. La inquietante y elegante imagen de la doble hélice de ADN que ilustraba aquel texto se hizo muy conocida y ocupa hoy un lugar destacado y merecido en los libros de texto.

Obviamente nuestra vanidad tuvo que pagar de nuevo el humillante precio de reconocer que la complejidad de nuestro cuerpo se codifica del mismo modo que la aparente simplicidad de una bacteria o de una brizna de hierba, pero eso es algo a lo que la ciencia nos tiene acostumbrados desde que Nicolás Copérnico nos atizó en el siglo XVI con aquello de que no éramos el centro del universo. Ay!

Seis décadas después de que Watson y Crick nos dijeran dónde estaban escritas las claves de la vida el avance de otras ramas de la ciencia nos ha permitido crear el inmenso campo científico de la genómica con herramientas asombrosas para luchar contra la enfermedad, el hambre, el dolor y la muerte. Es decir, contra los enemigos seculares del género humano, que esos no cambian.

Dos reflexiones me vienen a la mente en este aniversario: Por un lado me asombro de que contra toda lógica, en una sociedad que debe tantísimo a la ciencia, aún perviva con tal intensidad la superstición de siempre, que hoy nos hace desconfiar de todo lo que venga de la investigación científica. El ejemplo más notorio y sorprendente es el auge de tantas supuestas terapias que basan su prestigio justamente en su declarada militancia anticientífica.

Pero también pienso que hemos necesitado 60 años de investigación para que aquel descubrimiento nos abra ahora las puertas a soluciones nuevas, como la ingeniería genética o la inminente prevención individual de enfermedades. Y, claro, no puedo evitar preguntarme si con alguno de los recortes actuales en investigación no nos estaremos cargado justamente ese descubrimiento que habría transformado el mundo de nuestros nietos o cuál de los investigadores que abandonarán en breve nuestras universidades (movilidad exterior… le llama la ministra Bañez) tal vez se estará llevando consigo la misma genialidad que en su momento demostraron los dos jóvenes investigadores al entender entonces la escalera retorcida del ADN.

viernes, 19 de abril de 2013

Camisetas negras y cheques en blanco


Ninguno de los anuncios comerciales que usted puede ver en este ejemplar* está ahí porque los anunciantes sean amigos nuestros, ni porque les apasione nuestra simpatía natural, ni menos aún porque las empresas y comercios no sepan qué hacer con su dinero. Nada de eso. Todos están para que usted los vea, los conozca y acaso pueda convertirse en cliente.

Quienes trabajamos o colaboramos con este periódico nos esforzarnos para que leerlo le resulte a usted siempre atractivo. Y cuando lo logramos los anunciantes, que saben muy bien lo que hacen, insertan su publicidad porque esperan un retorno de su inversión, no por otra cosa.

Me sabe mal pagar su valiosa atención con explicaciones tan obvias pero viene esto a cuento de la confusión que hay respecto al salvavidas que la Diputación ha arrojado al Bilbao Basket para sacarlo del momento terrible que está pasando.

Inevitable polémica. Están quienes defienden que se ayude al equipo y los que piensan que no debe darse dinero público a una entidad privada, por muy popular que sea. Va a siendo hora de que paremos y hablemos en serio, porque manejar el dinero de nuestros impuestos es una cosa muy seria.

Los equipos profesionales son excelentes soportes para la publicidad. La cercanía emocional y la pasión que despiertan se transmite intacta a las marcas comerciales que los utilizan. Si además llevan el nombre de la ciudad por canchas y competiciones se entiende que incluso las instituciones públicas los consideren buenos embajadores y se animen a invertir en ellos. Porque de eso se trata; de una inversión que, como todas, debe tener una razonable expectativa de que los resultados sean mayores que el dinero invertido. Sé que “razonable expectativa” no es lo mismo que “ganancia asegurada” y acepto esa incertidumbre como normal. Lo que no es normal, ni admisible, es pretender que el dinero público sirva sin más para ayudar a los amigos, por simpáticos que sean.

Si, como yo creo, el Bilbao Basket es un buen símbolo de nuestra ciudad, deberá estimarse cuidadosamente la relación entre el provecho que esperamos obtener y el dinero que invertiremos. Esa es la única cuenta admisible. Pero es que, además, es la única forma de no condenar a éste y a otros equipos muy queridos a una dependencia al fin insostenible.

¿Usted cree que el banco que se anuncia en el coche de Fernando Alonso lo hace porque le resultan simpáticos el asturiano o su escudería? Desde luego que no. Ellos apuestan a rojo para ganar, apostemos nosotros al negro pero también para ganar. 

* Esta alusión resulta chocante en este blog pero el texto original es para el periódico con el que colaboro habitualmente.

miércoles, 17 de abril de 2013

Javier Cercas habla no de la transición sino de nosotros

Extraordinario artículo de Javier Cercas sobre la transición y sobre nuestra compleja relación actual con aquel momento de la historia de España. Lo publicó El País el 14 de abril de 2013.

http://elpais.com/elpais/2013/04/12/eps/1365788020_481362.html

Pocas veces reboto directamente artículos ajenos en este blog personal pero es que en este caso me parece tan excelente que quiero tenerlo aquí, en mi página, para releerlo y acordarme. Si a alguien de los que algunas veces entráis aquí os gusta también, habré hecho, además, una buena acción. Ahí va:

La Transición, papá y mamá

De un tiempo a esta parte parece extenderse entre la izquierda de mi generación un discurso que, más o menos, vendría a decir lo siguiente: ¿quién tiene la culpa de la ínfima calidad de nuestra democracia? La Transición. ¿Por qué nuestra democracia amenaza con convertirse en una partitocracia? Por la Transición. ¿A qué se debe el pésimo funcionamiento de nuestra justicia? También a la Transición. ¿Cuál es el origen de la crisis económica? Cuál va a ser: la Transición. ¿Y de la llamada crisis moral? La Transición también. ¿Y del llamado problema catalán? La Transición, la Transición, la Transición. De todo tiene la culpa la Transición; o sea: de todo tienen la culpa papá y mamá, que fueron los que hicieron la Transición.

¿Cuántos años hace de la Transición? Una eternidad. ¿Y en todo este tiempo qué hemos hecho nosotros? ¿Mejorar la precaria democracia que alumbró la Transición hasta convertirla en una democracia saludable, o tumbarnos a la bartola y dejar que aquella democracia se pudriese? ¿De verdad no hemos tenido tiempo en estos 30 años de hacer bien lo que entonces se hizo mal? ¿De verdad no somos responsables de nuestras desgracias y podemos seguir achacándoselas a papá y mamá? La Transición no fue perfecta; eso solo lo piensa esa derecha que intenta monopolizar la Transición y esa izquierda que ignora que la Transición también (o sobre todo) la hizo la izquierda. No: la Transición fue una chapuza; pero hay que ser un descerebrado para no estar a favor de esa chapuza. No me canso de repetir una observación de Miguel Ángel Aguilar: es raro que nuestra generación se sienta más orgullosa de sus abuelos, que dirimieron sus diferencias con una guerra, que de sus padres, que dirimieron sus diferencias sin ella. Raro no: rarísimo, porque es mil veces preferible el peor apaño que 600.000 muertos. Sobre todo si el apaño crea una democracia. ¿Una democracia mediocre? Claro, ¿cómo iba a ser, después de 40 años de dictadura? Pero la cuestión no es si esa democracia era mediocre o no, sino qué hemos hecho nosotros con ella. Pongo un ejemplo que tampoco me canso de poner. Al principio de la Transición apenas existían partidos políticos, de forma que una de las primeras preocupaciones de los founding fathers fue crear unos partidos fuertes; era indispensable: los partidos son el único cauce verosímil de las preocupaciones y aspiraciones de la gente, así que no hay democracia real sin ellos. El problema fue que mientras la democracia se asentaba, los partidos se desbordaron e, incapaces de frenarse a sí mismos, empezaron a inundarlo todo, desde el poder económico hasta el poder judicial, convirtiéndose además en focos permanentes de corrupción y en una especie de clubes antidemocráticos y dominados por sus cúpulas. Así que lo que en los años setenta fue una buena solución se ha convertido con el tiempo en un problema, quizá en nuestro principal problema. Pero ese problema no lo creó la Transición; lo hemos creado nosotros.

El peor enemigo de la izquierda no es la derecha, sino la irresponsabilidad de la izquierda; es decir: el kitsch de izquierdas. ¿Hay una infantilización general de la izquierda? No lo sé, aunque eso explicaría cosas como el entusiasmo despertado por aquella dirigente treintañera de las juventudes socialistas que, en una reunión de socialistas celebrada en Cascais, les recriminó a sus mayores que quisieran “remover la revolución desde un hotel de cinco estrellas”. Dios santo, ¿no se había enterado esa chica de que ya no se toma el poder con la revolución, sino con las urnas? ¿Tampoco de que es difícil que un hotel de tres estrellas sea capaz de acoger un evento como ese, y de que, según y cómo, uno de cinco puede resultar incluso más barato? ¿Ni siquiera se ha enterado de que uno ya no es joven a los 30 años? ¿No podría exigirle a su propio partido los cambios que todos sabemos que necesita en vez de adornarse con la demagogia autosatisfecha de sus discursos? No, colegas: la culpa de este desastre no la tienen papá y mamá; la tenemos nosotros.

Javier Cercas

Por cierto, pronto acudiré a la fiesta de la Virgen de la Jara, en la localidad cacereña de Ibahernando, de donde es natural Javier Cercas, y donde me tratan con enorme cariño y me llaman todos "pariente", cosa que me encanta, aunque sepa que es lo normal.

viernes, 12 de abril de 2013

El malahostiómetro

Foto El diario.es

Sobran motivos para que muchísima gente esté cabreada. Casi todos lo estamos en alguna medida y a ninguno nos faltan razones para ello. Tal vez la mala leche sea consecuencia natural y lógica cuando se acumulan en los seres humanos el asombro, la desesperanza y el miedo, sobre todo el miedo. Pero sin duda alguna la ira es un sentimiento con vida propia que, una vez liberado, nunca trae buenas consecuencias. Y casi siempre las peores son, precisamente, para quienes la confundieron con un sentimiento liberador al verla estallar.

Por eso me deja atónito que no solo desde internet sino desde muchos medios y algún sector político se esté estimulando la cólera con tanta vehemencia y que, en defensa de una especie de Santa Indignación, se acepte como normal y legítimo que el mucho enfado sirva para justificar cualquier acción coactiva, en principio pacífica -se dice- pero luego ya veremos. Supongo que dependerá del enfado.

Por eso, si ahora va resultar que el nivel de irritación va a ser lo que autorice a saltarse barreras, normas, derechos y respetos, necesitaremos alguna herramienta que nos ayude a determinar cuánto abuso tendría derecho a cometer el abusado. De ahí el título de esta columna.

Ahora que habíamos empezado a desechar el tradicional concepto atenuante de “crimen pasional” y le llamamos violencia machista es cuando surgen partidarios de que la propia democracia se administre no en base al frío recuento de votos en las urnas sino dando carta de naturaleza al calor de los sentimientos y a la emoción. Mal vamos.

A todos nos gusta que nos quieran (incluso a mí que escribo hoy esta columna tan poco adecuada para ello) así que sospecho que quienes han optado por pasarse de la lógica comprensión del dolor a la apología de la ira lo que hacen es elegir el camino que creen más fácil y directo para alimentar su propia popularidad, justo lo que los griegos clásicos llamaron demagogia.

Esta semana perdimos a alguien completamente ajeno a esa estrategia perversa. José Luis Sampedro, economista, profesor, filósofo y escritor al que su larga y fecunda vida aportó la sabiduría y serenidad necesarias para señalar la auténtica profundidad de los problemas. Un hombre libre, que tuvo la dignidad de decir siempre lo que pensaba sin miedo pero también sin ira. Entre Sampedro y el diputado del PP, que creyó que su enorme enfado también le daba derecho a él a amenazar, me quedo con el primero.



domingo, 7 de abril de 2013

Tercera entrega: "La Lirio"


Después de mucho tiempo vuelvo con otra entrega de esta sección dedicada a la copla y sus contenidos. Un género musical muy conocido y popular. Quien más quien menos ha escuchado cantar alguna a su madre o a su abuela (dependiendo de la edad) y recuerda también algún pasaje.

El gran Carlos Cano las reivindicó con fervor, calidad y enorme éxito. No es canción...se llama copla -decía- ...y cabe dentro la vida. Y así las hizo llegar a un público que no era el que tradicionalmente las había escuchado. Con todo, a estas alturas ya quedan reservadas para los muy incondicionales que las conocemos y las disfrutamos mientras que el resto las ve como un espectáculo entre pintoresco y cutre, propio de los tiempos de nuestras abuelas.

Sin embargo, precisamente por haber sido tan enormemente populares en su momento es por lo que son un lúcido testigo de la vida, la moral y los valores del tiempo en el que se crearon y difundieron. Acostumbrados a oírlas no es habitual que nos percatemos de las cosas terribles que cuentan y muy especialmente del papel no ya subordinado sino directamente aterrador que reservan a las mujeres, condenadas a un mundo de tristeza y dolor.

Esta es una de las más famosas y, si se fijan, se refiere sin recato a la trata de blancas, explicando con detalle la compra de una mujer a cambio de "cincuenta moneas de oro" pagadas por ella a la madame del prostíbulo gaditano. Espeluznante.






En Cádiz tiene la Bizcocha, 
un café de marineros,
y en el café hay una niña, 
color de lirio moreno,
color de lirio moreno.
Lirio la llaman por nombre,
y ese nombre bien le está,
por un cariño, cariño,
tiene las ojeras morás.
Y de Cádiz a Almería,
con voz ronca de aguardiente,
canta la marinería:

La Lirio, la Lirio tiene,
tiene una pena la Lirio,
y se le han puesto las sienes
moraitas de martirio.
Se dice que es por un hombre,
se dice que si es por dos,
pero la verdad del cuento,
¡Ay, Señor de los Tormentos!
la saben la Lirio y yo.
Y a la mar, maera,
y a la Virgen, cirios,
y pá duquitas
¡ay, madre de mi alma!
pá duquitas negras,
las que tié la Lirio.

Un hombre vino de Cuba, 
y a la Bizcocha ha pagao, 
cincuenta monedas de oro, 
por aquel lirio morao,
por aquel lirio morao.
Que fue por un bebedizo,
de menta y ajonjolí,
que fue una noche de luna,
que fue una tarde de Abril.
Y de Cádiz a Almería,
canta el novio de la Lirio,
con una voz doloría:

La Lirio, la Lirio tiene,
tiene una pena la Lirio,
y se le han puesto las sienes
moraitas de martirio.
Se dice que es por un hombre,
se dice que si es por dos,
pero la verdad del cuento,
¡Ay, Señor de los Tormentos!
la saben la Lirio y yo.
Y a la mar, maera,
y a la Virgen, cirios,
y pá duquitas
¡ay, madre de mi alma!
pá duquitas negras,
las que tié la Lirio.

Letra tomada de La poesía de la copla


viernes, 5 de abril de 2013

Frivolidad Real…y Republicana



La marea de descrédito que asola la vida pública ha alcanzado esta vez de lleno a la Monarquía, de forma que ya parece que no queda nada ni nadie en quien confiar. Los datos ciertos ya conocidos, junto a los presuntos, junto a los que nos imaginamos, mezclado todo ello en el puchero de esa venenosa receta actual de extender cualquier mala sospecha a todo y a todos nos está dejando sin ningún asidero firme: ni la banca, ni, por supuesto, los políticos, ni los empresarios, ni los sindicatos, ni la Unión Europea, ni la Iglesia, ni la prensa, ni tampoco la Justicia. Parece que todo se tambalea inseguro, amenazando con derrumbarse.

Tal vez tengan razón quienes prevén y hasta reclaman un inminente levantamiento revolucionario, aunque a mi ya me gustaría saber hacia dónde, si hacia delante o hacia atrás. Porque las revoluciones pueden hacerse de muchas maneras y con resultados también muy diversos. Ante esto yo siempre recuerdo aquel viejo proverbio: “pobres de quienes vivan tiempos históricos”.

Lo cierto es que la asombrosa ligereza en el comportamiento ético de algunos miembros de la Familia Real, junto con otros imperdonables errores de aquella Casa, está acabando con la reserva de respeto que el Rey fue acumulando durante la recuperación de la democracia que él mismo impulsó y protagonizó junto con otros políticos.

Tal debilidad ha abierto las puertas de la opinión pública a quienes abogaron siempre por la recuperación en España del régimen republicano con una Presidencia electa. Puede que esta sea una buena ocasión para plantear en serio tal cambio, por eso precisamente me sorprende la superficialidad con la que se habla de una modificación tan profunda y complicada. Casi sin explicaciones, como si fuera obvio y simple. Como si algo tan decisivo no requiriese detalles ni concreción alguna. Por ejemplo ¿Queremos una república como la francesa en donde el Presidente manda sobre quien dirige el Gobierno o, al contrario, optamos por Alemania, donde es la jefa del Gobierno quien mantiene en la oscuridad al Presidente?

Como estas son cosas muy serias conviene abandonar la frivolidad. Desde luego si el hijo del Rey quiere llegar a ser Felipe VI va a tener que hacer algo que le haga merecerlo. Y si los partidarios de una tercera República Española quieren avanzar en su legítima aspiración tendrán que empezar a decir qué es exactamente lo que quieren y cómo nos proponen conseguirlo, más allá de emocionales protestas en las redes y en los comentarios de la prensa digital.

(Nota.- El Presidente del Gobierno francés (Primer Ministro) se llama Jean-Marc Ayrault mientras que el Presidente de la República alemana es Joachim Gauck. No se preocupe, yo también lo he tenido que buscar)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Compro oro


Parece que un equipo de investigadores de tres laboratorios, uno de ellos en la universidad pública del País Vasco, otro en Vigo y otro en Tenerife, ha descubierto la función decisiva que desempeña un gen en la protección de nuestro cerebro contra el ictus, el alzheimer o incluso las epilepsias graves. Una gran noticia que podría transformar el manejo de las consecuencias del envejecimiento.

No es difícil imaginar lo que esta línea de investigación podría suponer en cuanto a la salud, el bienestar, la felicidad y, por supuesto, también la economía. Tampoco es difícil figurarse el esfuerzo duro y constante que habrán hecho esas personas, lo mismo que muchas otras que están investigando en España aunque no hayan aparecido en los periódicos.

Lo que sí aparece en los periódicos es que Alemania y otros países del norte están organizando de forma sistemática la captación de universitarios españoles para ofrecerles trabajo y una nueva vida en aquellas tierras. Promueven encuentros en los que se buscan, entre otros, ingenieros, médicos y otros sanitarios y hablan maravillas de la extraordinaria preparación que ofrecen nuestras universidades y centros de enseñanza superior. Parece incluso que allí se preocupan de que su baja tasa de natalidad pueda conllevar en el futuro dificultades para mantener sus sistemas de bienestar y sus pensiones y, como consecuencia, actúan desde ahora mismo intentando atraer a aquellas personas suficientemente preparadas para garantizarles que podrán seguir en la ola de la competitividad internacional.

Mis noticias personales son que en Alemania tampoco atan los perros con longaniza pero comprendo el deseo de ofrecer una mejor salida laboral a esas personas y que, en consecuencia, algunos servicios de empleo y las propias universidades colaboren en esta exportación (o huida) de lo mejor que tenemos y que tanto nos ha costado conseguir. Pero tengo que recordar que España, que siempre fue un país atrasado en investigación, no hace tanto que tomó la decisión de darle la vuelta a esa situación convencidos de que investigar no estaba por encima de nuestras posibilidades. Sería descorazonador que abandonásemos ahora y que fuesen otros quienes sacasen los réditos de tanto esfuerzo propio. Por eso me asalta la misma inquietante sensación de quienes se ven obligados a vender las joyas atesoradas en la familia durante generaciones para poder llegar a fin de mes.

viernes, 22 de marzo de 2013

Fraude rico, fraude pobre


El año pasado empezó a aplicarse en Euskadi un nuevo sistema para gestionar la llamada Renta de Garantía de Ingresos (RGI) que, por si no lo sabe usted, es el dinero público que las personas sin recursos reciben para no morirse de hambre debajo de un puente. Se unificaron todos los expedientes en una sola institución que además de gestionar el cobro de la ayuda, también se ocupa de tramitar la búsqueda de empleo. Se trataba de evitar así la creación de una bolsa de personas eternamente marginadas-paradas-subvencionadas.

El cambio supuso la aparición de cierto número de fraudes de quienes no cumplían alguno de los requisitos exigidos, desde los más leves como no tener al día el empadronamiento o no haber recibido un envío certificado hasta los más reprobables como residir en el extranjero o negarse expresamente a aceptar ningún empleo.

Efectivamente los abusos, sean muchos o pocos, deben ser perseguidos. No solo por el gasto que suponen sino también porque de otro modo los enemigos de la solidaridad se arman de razones para acabar con ella.

Hubo entonces cierta polémica: errores, rectificaciones, retiradas definitivas y muchos aprovecharon los fraudes detectados para reforzar su convencimiento previo de que ayudar a los pobres es alimentar vagos. Otros pensamos, por el contrario, que estaba muy bien que hubiese un mejor control para que así se desmontase de una vez la leyenda urbana del “gitano-que-aparca-su-bólido-deportivo-para-entrar-a-cobrar-el-subsidio”. Pero no recuerdo a nadie apelando entonces al derecho foral para que las diputaciones no cedieran los datos de los pobres.

Sin embargo ahora que se propone que las Haciendas de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia compartan los datos de sus contribuyentes respectivos para así poner en marcha un control más rápido y eficaz del fraude fiscal de los ricos, renace con vigor la defensa encendida de las competencias forales y se hacen lenguas de lo bien que inspeccionan las diputaciones ellas solas cada cual por su lado. Estoy seguro que inspeccionan, como lo estoy también de que inspeccionaban los abusos que pudiera haber con las ayudas sociales, pero no deja de sorprenderme lo bien que se aceptó en su momento que se unificasen los datos de los pobres y lo que parece que cuesta aceptar que se puedan revisar con parecida agilidad las declaraciones de todos los contribuyentes vascos. Puede que se trate de sincera pasión política por el tradicional foralismo vasco pero ¿No será acaso el miedo a que aparezcan fraudes, como pasó con la Renta de Garantía de Ingresos? Vaya usted a saber.


viernes, 15 de marzo de 2013

¿Y si nos levantamos?

La publicidad es muchísimo más que una técnica de venta. Es una manifestación del genio humano, sobre todo cuando consigue su objetivo: despertar lo que cada uno de nosotros tenemos dentro.

Coca-Cola (o un publicista pagado por la compañía) ha hecho el mejor spot electoral de la izquierda. Para sonrojo de ésta.




Dona Nobis Pacem


Se ha dicho que en España siempre andamos detrás de los curas, unas veces con cirios encendidos y otras con garrotes, pero siempre tras ellos. Sí que parece evidente que hemos tenido dificultades para separar con claridad la sociedad civil y la Iglesia, y es así que nos sigue costando colocar a cada cual en su sitio, condición necesaria para el respeto mutuo, la discrepancia civilizada y el posible acuerdo.

Foto Facebook
Por el contrario, lo habitual ha sido que la jerarquía católica haya pretendido activamente mantener sus tradicionales prerrogativas sobre la moral, la política y las leyes que nos afectan a todos, católicos o no, asimilando la condición de ciudadano a la de cristiano y reservándose el derecho a imponernos a todos lo que ella considera vida buena.

En comprensible reciprocidad, cualquier no cristiano se siente en España legitimado para reprochar a la Iglesia católica sus doctrinas sobre el aborto, sobre el divorcio, sobre el matrimonio, el celibato, la ordenación de mujeres y cualquier otro dogma. Lo paradójico es que quienes más critican a la Iglesia por mantener tales opiniones refuerzan el supuesto de que la Iglesia es una institución no ya importante sino “oficial” que es lo que, efectivamente, fue durante siglos y lo que una buena parte de su jerarquía querría seguir siendo.

El reinado, porque reinado es, del nuevo Papa Francisco podría ser una buena ocasión para que empezase a firmarse un armisticio social. Que la Iglesia católica entendiese que su función no es gobernar ni la nación ni las conciencias de todos los ciudadanos y que los no católicos aceptásemos que las opiniones religiosas de quienes sí lo son no resultan una agresión contra nuestra propia libertad, sino una creencia más, por pintoresca que nos pueda parecer a veces.

Eso sí, la Iglesia Católica, en cuanto a institución que se desenvuelve también en la vida civil, deberá aceptar que no debe exigir bula ni privilegio alguno respecto a sus acciones en ese ámbito civil, sean sus posiciones políticas, sus intereses económicos o el comportamiento de sus miembros en asuntos turbios y entender que, esas sí, deben estar sometidas a la polémica y a la crítica como las de cualquiera. Quizás este cambio sea una de las tareas más delicadas del nuevo obispo de Roma. Esperemos que tenga voluntad, fuerza y acierto.

viernes, 8 de marzo de 2013

Caudillo de los pobres


Cuando se siembra una sociedad con las semillas de la ineptitud política, la injusticia social, el egoísmo de clase y la corrupción, lo que más crece, y con enorme furor, es la pobreza. Y empobrecer a la gente es el primer paso para que el siempre frágil edificio de la democracia empiece a desmoronarse.

El fallecimiento de Hugo Chávez puede ser una buena ocasión para que nosotros tomemos alguna lección de cosas que han pasado en Venezuela.

Podemos aprender, por ejemplo, que arruinar a millones de personas y de familias no resulta políticamente gratis. Que tiene consecuencias muy malas; desde luego las peores son para quienes pierden sus medios de vida pero a la larga los efectos negativos afectan al sistema democrático mismo, a la libertad de todos y a la prosperidad del país.

Comprendo muchos de los argumentos que se escuchan ahora en defensa de Chávez por su legado de lucha contra la pobreza más flagrante de Venezuela. Pero como me gustan tanto las formas de la democracia: eso de los derechos civiles, el imperio de la ley, la separación de poderes y el respeto por las minorías, no puedo decir que me gustara nada el estilo de gobierno del presidente fallecido.

Creo que la democracia no son solo las elecciones sino también los límites a la arbitrariedad del gobierno y los controles efectivos entre elección y elección. Pero también creo que la democracia y sus normas, tan corteses, saltan por los aires cuando no sirven para evitar el abuso continuado de la elite política, económica, bancaria, empresarial o criolla sobre el resto de ciudadanos. Y cuando tal cosa sucede no es difícil que aparezcan líderes como Chávez, mucho más amigos de la épica, la urgencia y el populismo que del respeto por las reglas.

Las voces que claman por el reinicio de la democracia en España todavía salen de bocas que han podido desayunar esa misma mañana, nada que ver (por el momento) con la pobreza generalizada e insultante que en su día impulsó y después sostuvo elección tras elección al presidente venezolano. Pero tal vez no sea siempre así, quizás la aparición de un “salvador” hispano solo necesite un poco más de tiempo, una vueltita más de la tuerca de la austeridad y una mordida adicional a los derechos de la gente. Escándalos no necesitamos que de eso ya creo que vamos sobrados. Lo que me parece que sí nos va a faltar es el petróleo.


domingo, 3 de marzo de 2013

Mierda para la Asociación Española de la Banca


En este momento en el que se exige a millones de ciudadanos que de avengan a pasar hambre, que renuncien a calentar su casa y al futuro de sus hijos (a quienes ya no están a tiempo de evitarlos) y a los políticos que asuman su innegable responsabilidad en el desastre, es asombroso e indignante que los portavoces de la Banca se hagan los locos y salgan con indecencias como las mentiras que alguien de la AEB ha tenido la desfachatez y la inmoralidad humana de pronunciar ante un periodista y aun de escribir sobre un papel.
Tienen hasta logotipo

La banca española ha actuado con reiteradísima y manifiesta irresponsabilidad profesional. Asombra leer que el sistema hipotecario es “eficiente” al permitir -como dicen- el acceso a una vivienda en propiedad al 83%de las familias, con costes de financiación muy bajos y plazos largos”. Concedieron créditos baratos solo porque ellos conseguían el dinero muy muy barato (por cierto de la misma banca europea que ahora nos llama derrochadores).

Prolongaban los plazos no por bondad sino para poder captar como clientes y, consiguientemente, endeudar de por vida a personas humildes, de futuro laboral incierto, a las que ni por un momento se les ocurrió apercibir del lío en que se estaban metiendo al comprar ese piso. Y no solo eso sino que, aprovechándose de la ignorancia y la buena fe de sus clientes, les animaban a incrementar aún más su deuda, ofreciéndoles cantidades adicionales para muebles, coches y otros productos que ellos sabían perfectamente que no son bienes para los que estén pensados los créditos hipotecarios.

Como sabían perfectamente, y ocultaban, que lo que sus clientes firmaban en las mesas de las sucursales superaba cualquier baremo de endeudamiento razonable respecto a sus ingresos presentes y previsibles. Pero nada importaba salvo sus propios objetivos y su cuenta de resultados. (A corto, siempre a corto, por supuesto, que es como piensan los banqueros españoles)

Por si fuera poco, a quienes aún les quedaba algún dinero les engañaban directamente sobre inversiones ofreciéndoles las incomprensibles “participaciones preferentes” y “perpetuas”, de las que hoy ya sabemos que ni los propios vendedores entendían.

Aterrados ahora porque se pueda aliviar el drama de sus clientes prisioneros, los bancos tienen la desfachatez de hablar de proteger a los “buenos pagadores” cuando no hay malos pagadores sino personas y familias empobrecidas hoy, tal y como era previsible entonces. Familias para quienes no hay drama mayor que perder su vivienda y su futuro. Son esas mismas personas a las que los empleados de sus sucursales, apremiados por la codicia de sus irresponsables jefes, aseguraban que el piso “jamás” iba a bajar de precio, y que las inversiones preferentes eran “como un depósito a plazo fijo”.

¡Buenos pagadores! ¿Donde estaban los buenos prestadores? La banca española, desde luego no lo fue y no lo fue a conciencia, con pleno conocimiento, con alevosía. Puedo aceptar que la locura del ladrillo, que no tiene un único responsable, les arrastrase a ellos también pero, puesto que no son ellos quienes están sufriendo en su estómago y en sus esperanzas las consecuencias de esa locura que alimentaron con tanto ahínco, que tengan al menos la decencia de no sentirse orgullosos.

(Otro post sobre lo mismo que publiqué en noviembre del 2012)

viernes, 1 de marzo de 2013

¿Italia grillada?


Aunque usted sea de los que cuidan su salud; no fume, se ejercite, coma con poca sal y evite leer periódicos cada día, se habrá enterado de que en las elecciones italianas un cómico llamado Beppe Grillo, símbolo de la rebelión ciudadana, ha obtenido 162 escaños entre diputados y senadores. De hecho ha sido el partido más votado en la cámara de diputados italiana.

La irrupción del Movimiento 5 Estrellas, que es como se llama el de Grillo, supone un problema serio para la política italiana y europea ya que puede impedir que se forme en Roma un gobierno capaz de tomar decisiones, y no olvidemos que la democracia es un sistema pensado para tomar decisiones y no para no tomarlas.

Se desprecia ahora al cómico y a sus pintorescas ocurrencias probablemente para no tener que reconocer que detrás de él puede que haya más payasos y anécdotas chuscas pero que también hay un gran número de ciudadanos más dispuestos, preparados y capaces de lo que les gustaría reconocer a los dirigentes de los partidos tradicionales

Los movimientos cívicos rebeldes que proliferan en Europa y también aquí puede que, ciertamente, no logren jamás convertir su vehemencia asamblearia en una herramienta política eficaz para gobernar. Tienen defectos pero acaban de obtener en Italia un 25% del voto popular.

Un porcentaje que, sin duda, apela a esos partidos que se dicen serios y responsables para que ejerzan esa misma responsabilidad que tanto invocan y sean capaces de arriesgarse a escuchar, entender y aceptar a las personas comprometidas que están en esos movimientos hoy en la periferia de la política, porque no son ni mucho menos gente grillada sino expresión de un descontento cívico justo y real.

La “visión de Estado” obliga -precisamente- a estas cosas: a renunciar a lo conocido que ya no funciona para adentrarse en el riesgo de lo nuevo que sí puede funcionar. Por el contrario, esperar sentados a que la contestación política se enfríe podría significar la muerte no solo de la rebeldía sino también la de los partidos de siempre, paralizados por sus propios defectos. Y no hay que olvidar que ahí están los populistas corporativos de Berlusconi para hacerse con el espacio que les deje libre la torpeza de los demás.